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JUGANDO CON DIOSES

por flamenco
miércoles, 11 de junio del 2008 a las 20:32
guardado en

Capítulo I

¿... y por qué se llaman así los días de la semana?

Doña semana tiene siete hijitos,

unos son rojos y otros son negritos.

Lunes, martes, miércoles y jueves,

viernes, sábado y domingo, ¡al fin!

que es muy revoltoso y muy bailarín.

- ¡Abuelo... abuelo... ¡ Gritó Jorge desde su dormitorio.

- ¿Qué te ocurre...? ¿Qué quieres ahora...?. Contestó de forma mecánica su abuelo.

- Abuelo, sube un momento, "por fa"...

   Lentamente buscó la cartulina que hacía las veces de marca páginas, la introdujo entre las que estaba leyendo y dejó el libro sobre la mesita que tenía a sus pies.  Después, y con la misma tranquilidad se quitó las gafas, las introdujo en un estuche metálico forrado su interior con paño rojo y lo depositó sobre el libro.

- ¡Abuelo!... ¿es que no vas a subir nunca?

  • - Sí, ya voy... ya voy, que uno no está ya para tantas prisas.

El abuelo sabía que no era cierto, que estaba lleno de energías y que todavía se permitía alguna que otra caminata por el campo. Además, hacía ya cinco años que había tirado la última cajetilla de tabaco y la vieja costumbre de echarse unos vinillos de vez en cuando le daba ánimos y vitalidad.

Manuel, que así se llama el abuelo de Jorge, comenzó a subir las escaleras farfullando a media voz: ¿Qué te ocurre para armar tanto escándalo a estas horas de la noche?. ¿Acaso un hombre como tú va a tenerle miedo a los fantasmas...? Bromeó el abuelito a sabiendas de que Jorge se enfadaría al escucharlo.

-¡No, ya sabes que no me dan miedo los fantasmas, ni las brujas ni nada de eso¡ Gritó Jorge desde la cama y con un poco de enfado.  Yo ya soy mayor para no creer en esas tonterías, lo que quiero es que me des un beso, me arropes y me cuentes algún cuento, como todas las noches.

El abuelo se reía para sí mientras escuchaba las protestas de su nieto que, día tras día se sucedían de manera similar, ya que diálogo y escena  como estos se repiten día sí y día también, es decir, todas las noches. Jorge llama a su abuelo, este lo irrita con sus bromas mientras sube las escaleras y Jorge se defiende de que el abuelo lo llame miedica.

Pero ahora que me doy cuenta, ésta no es la mejor forma de comenzar a contar una historia. Os voy a presentar a los personajes y de esta manera viviremos  la historia con gente conocida.

Veamos cómo son nuestros amigos.

Jorge, es el pequeño de la familia. Es hijo único. Es un niño normal. Es corrientito, aunque su madre dice que es el más guapo del mundo.

Jorge está bastante alto para su edad. Tiene la tez morena y  el pelo tan tieso que, más que pelos parecen alambres que le hubieran clavado en la cabeza. Además, no le nacen los pelos en el mismo sentido, sino que cada manojito de cabellos le ha salido formando una especie de remolinos, que le imprimen a su cabeza una figura muy graciosa.

La mamá es una mujer de algo más de treinta años. Muy vieja según su hijo. Es una mujer alta, morena y con un algo en la cara que la hace muy agradable. Elena, que así se llama, trabaja en unas oficinas pero Jorge no tiene ni idea de lo que hace su madre.

El padre de Jorge es alto, delgado, de unos cuarenta años. Tiene barba y usa gafas. Trabaja de viajante de zapatería, así que solamente está en casa los fines de semanas y las vacaciones de verano.

Manuel, el abuelo, es el padre de su madre, está viudo pues hace unos años que su mujer se cansó de vivir  y cuentan que se marchó al cielo.

Dicen que todos los días se asoma por entre las nubes para ver cómo sigue su nieto y toda su familia. No estoy muy seguro si eso es cierto o no. Lo que sí puedo afirmar es que Jorge la recuerda todos los días antes de dormirse y suele decirle a su abuelo que por favor, no tenga prisas en irse con la abuela, que si él se va también no quedará nadie para darle las buenas noches y decirle las bellas historias que le cuenta antes de dormirse.

Jorge también tiene algunos primos y muchos amigos y amigas que viven en su calle y también van juntos al colegio.

Como os estaba contando, el abuelo ya ha terminado de subir las escaleras y sin hacer ruidos al andar se dirige al dormitorio de su nieto, que impacientemente lo espera, y como  no se ha dado cuenta de que ya se encuentra muy cerca de él, vuelve a gritar:

-¡Si no vienes me levanto!... ¿Vas a subir o no?...

Manuel, retiene hasta la respiración y se tapa la boca con las manos para evitar que la risa lo delate. El abuelo es un bromista y le gusta hacer rabiar a su nieto.

Jorge comienza a bajarse de la cama y en ese preciso instante...

-¡¡¡Buuuum!!!. Grita el abuelo entrando en el dormitorio de un salto y revolcándose con Jorge en la cama.

-¡No me hace gracia esta broma tuya!. ¡Eres un tonto y, además, no creas que me he asustado! Protesta Jorge con el corazón a punto de salírsele del pecho.

-¡Pues claro que no te has asustado!. Responde con un poco de sorna el abuelo.

Manuel se reincorpora y se queda sentado al borde de la cama mientras que nuestro personaje se introduce nuevamente entre las sábanas.

Como esta batalla campal de besos y revolcones se repite con bastante frecuencia, cuando termina, cada uno sabe lo que tiene que hacer, así que rápidamente Jorge coge su postura favorita, las piernas un poco flexionadas, las manos debajo de la mejilla izquierda y los ojitos entornados, como esperando que se cierren de un momento a otro.

El abuelo pasa por última vez la mano sobre la cabeza de su nieto y se dispone a dar comienzo a la historia de esta noche.

- Esta noche y las noches sucesivas, las vamos a dedicar a una serie de historias que espero que te gusten. Te voy a contar por qué se llaman así los días de la semana, y como hoy es domingo, creo que es el mejor día para comenzar con estas historias.

Jorge, puso cara de desagrado ya que a él lo que le gusta son las historias fantásticas, así que protestó.

- Eso no me gusta. Yo quiero que me cuentes historias de héroes, de soldados, cosas de fantasías...

- Pues eso, cosas de fantasías, de dioses, héroes... eso es lo que pienso contarte y espero que te gusten estas historias. Así que cada noche se la dedicaremos al día que acabamos de finalizar y de esta manera tendremos tema para siete días.

- Pero abuelo... ¿Qué puede tener de interesante eso de los nombres de los días.?

- Como verás cuando comencemos, esto de los nombres de los días es algo muy curioso y entretenido, pues cada uno de los días de la semana está dedicado a diferentes dioses, o acontecimientos rodeados de leyendas a cuál más interesante, y si no, ya verás.

- La verdad es que nunca había pensado por qué el lunes se llama lunes o el miércoles se llama miércoles...

-  Claro que no te has parado a pensarlo, tú todavía eres bastante joven, pero verás que si se lo preguntas a algunos adultos, ellos tampoco se han parado a pensar en los nombres de los días y una inmensa  mayoría tampoco sabrán decirte por qué se llaman así.

Estando en esta conversación, los ojos de Jorge se cerraron a pesar de los esfuerzos que había realizado por seguir despierto.

El abuelo terminó de arroparlo, le dio el beso de buenas noches en la frente, apagó la lamparilla de la mesita y despacio, muy despacio, salió del dormitorio, bajó las escaleras, se colocó las gafas, se arrellanó nuevamente en el sillón, cogió el libro y volvió a la lectura.

Al poco rato se oyó la voz de Elena, la madre de Jorge.

- Papá... ve dejando la lectura que vamos a cenar.

- Está bien, ya voy, tardo sólo unos minutos en acabar este capítulo y voy.

            La cena transcurrió sin nada importante que resaltar, así que después de un rato de charla, padre e hija se fueron cada uno a su dormitorio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo II

(En el que nos enseña su colegio y nos presenta a sus compañeros y profesorado)

Jorge es un niño normal y, por tanto, asiste a un colegio normal.

Su colegio no es ni  nuevo ni  viejo, ni grande ni  pequeño, ni bonito ni feo... es su colegio.

Lo que desentona de su colegio es el nombre que no es normal. El centro se llama "Colegio Casiopeo."

Los alumnos de los otros centros se ríen mucho y hacen burlas con el nombre y unas veces lo llaman "Casipeo", otras "Medio Peo".

Al alumnado le dicen "peítos". Esto no le hace ninguna gracia a Jorge ni a sus compañeros, pero...

En el curso de Jorge, hay otros 24 diablos más y aunque el colegio es normal, algunos alumnos sobresalen por algo, es decir:  no son tan corrientes. Los hay que tienen un algo especial, se diferencian del resto y por eso los demás compañeros se aprovechan para ponerles motes.

Hay uno que tiene la cabeza bastante más gorda de lo que le corresponde a su cuerpo. Dicho de otra manera, hay uno que es muy cabezón y, por tanto, le llaman "El Cabezudo". Esto se lo dicen cuando él no está delante pues no le gusta y es bastante valiente para las peleas.

Para que te hagas una idea de cómo será que una vez organizaron una fiesta en el cole y acordaron poner 3 euros pesetas por cabeza y Manolo tuvo que pagar 6 euros.

También está Luis, "El Avión", llamado así porque sus orejas son enormes y están tan despegadas del cráneo que parece que  va a echar a volar de un momento a otro.

¿Recuerdas a Dumbo, el elefantito volador?, Pues Luis es lo mismo pero en niño.

Carmen, "La Fideo", es una compañera tan delgada que a veces tiene que pasar dos veces por el sol para que se vea un poco de sombra.

También está Rocío, "La Dálmata", con sus largas coletas laterales y la cara llena de pecas.

Jorge no sabe su mote, pero estoy seguro que tiene alguno pues si su colegio es un colegio normal... lo lógico es que también tenga un mote. ¿No?.

Las maestras y los maestros no son una excepción así que todos tienen su apodo. Aquí no se escapa nadie. Todos son iguales.

Doña Antonia, o señorita Antoñíta, que de las dos formas la llaman, es una vieja de 28 o 30 años por lo menos, es la tutora de Jorge.

La seño siempre va aseada, limpia, bien peinada, maquillada discretamente...

Dª. Antoñita tiene dos graves defectos:

  • 1 Le gusta que la clase esté siempre ordenada y sin papeles por el suelo.
  • 2 No soporta los gritos.

La señorita "Finolis", que así es como la llaman en secreto, se enfada porque las sillas y las mesas no guarden una línea recta. ¿Qué tendrá contra las líneas quebradas?, ¿Acaso no se estudian también?.

Le enfada mucho que las papeleras estén volcadas, pero lo que más la saca de quicio (frase que nadie comprende pero que la "Finolis" usa mucho) es entrar en clase y que estén gritando los alumnos.

¡Cuánto aguante han de tener los niños para soportar a los mayores!.

¡Cuánta paciencia para soportar las manías del profesorado!.

     D. Pedro, o mejor dicho, "Perico Corcheas," comparte con la tutora la manía de los gritos pero no la de las mesas en fila india. ¿Tan difícil sería que se pusieran de acuerdo entre ellos.? Nada más entrar en el aula comienza el desmadre diciendo:

     Los altos colocaos aquí. Tampoco comprende Jorge eso de los altos ya que más de la mitad del grupo son más bajitos que él. Los bajos que se sitúen  en este lado. Aquí si que se ríe pues en este otro grupo han caído los del equipo de minibasket. No veas lo bien que se lo pasan  moviendo las mesas, arrastrando las sillas, chocando unos contra otros...

Pero volvamos a su manía con los gritos, porque según me  cuenta Jorge, esto tampoco lo comprende ya que "Perico Corcheas" dice que no le gustan los gritos, que eso de gritar es de personas mal educadas y muchas cosas más.

Pues  bueno, todo esto lo dice gritando mucho más fuerte que todos los alumnos juntos. Se escuchan sus gritos por encima de los demás.

¿Es cierto que no le gustan los gritos?¿O lo que no le gusta es que los niños griten más fuerte que él?.

Jorge no lo comprende y menos cuando les dice gritando: ¡Cantad más fuerte!. Entonces, ellos que son muy obedientes, elevan el volumen de sus tiernas gargantas hasta el infinito y en ese preciso instante vuelve a gritar el profe con un volumen inhumano: ¡No gritéiiiis!.

La teacher, señorita de inglés como habrás supuesto, no tiene mote ya que los alumnos creen que eso de llamarla teacher ya es un mote por sí mismo, y, además, es fantástico pues se lo puedes decir en su cara y no se molesta: ¡teacher, teacher, teacher!.

La profesora de Educación Física, llamada cariñosamente "La Rana" (nunca en su presencia pues no tiene sentido del humor) siempre está empeñada en que salten, corran, se pasen el balón, que no sean brutos... Sus manías favoritas consisten en no permitir ni los insultos ni las bofetadas.

¡Queda terminantemente prohibido insultar a los compañeros!, dijo gritando a pleno pulmón, el primer día de clase.

Jose, que no sabe estar callado nunca, le preguntó inocentemente: Seño, ¿podemos pegarnos?

Ni Emilio, que es el más listo de la clase, sabe todavía por qué se enfureció "la Rana" por una pregunta tan inocente y razonable.

La seño se puso histérica y parecía que se iba a comer de uno en uno a todos los alumnos. Jorge sigue sin comprender ciertas reacciones de los adultos.

Resumiendo: prohibido insultar y pegar. ¡Vaya aburrimiento de clase!

Entre los profesores de Jorge queda por nombrar a D. Evaristo, "El Suave," que les imparte las clases de Religión y les tira pellizquitos cariñosos en las mejillas.

Termina la lista de profesores con "El Buitre", nombre con el que familiarmente llaman los mayores al director. Ellos no saben por qué lo llaman así pero si los mayores se lo dicen...

¿A que es un colegio normal?. ¿Se parece al tuyo?

 

 

Capítulo III

Lunes

(En el que se demuestra que es un día odioso)

Luna lunera                                               

cascabelera                                            

ojos azules                                                      

cara morena.                                             

Luna lunera                          

cascabelera                         

cinco pollitos

y una ternera.

Como ya te dije ayer, comenzó el abuelo sin más preámbulo, cada día de la semana tiene un nombre, pues los días desde muy antiguo se lo dedicaban a dioses, héroes o acontecimientos importantes, así que para comenzar la semana al primer día le llamaron lunes y se lo dedicaron a la Luna.

Jorge, que es un chico muy despierto hizo su propia aportación.

  • - Tú dices que el lunes es el primer día de la semana, pero yo he visto algunos calendarios en los que la semana comienza con el domingo.
  • - Tienes razón, hay calendarios que comienzan la semana por el domingo y otros, la mayoría, hacen que la semana empiece por el día dedicado al satélite de la Tierra. Todo esto tiene su explicación ya que si tomamos como base de la semana las actividades de trabajo, colegio y todos los demás procesos comerciales, la semana da comienzo con el lunes, pero si nos basamos en la actividad litúrgica, entonces la semana comienza con el domingo.
  • - ¿Qué es eso de litúrgica?.
  • - La semana litúrgica es aquella que toma como eje central las actividades de la iglesia y el culto. Ya veremos eso el domingo. Así que si no me interrumpes más, posiblemente te pueda contar cosas sobre el lunes, la Luna, la diosa Selene[1]...

Jorge ha abierto los ojos algo más de lo normal, cuando ha escuchado eso de la diosa, estas historias le atraen de manera muy especial.

  • - También puedo contarte cosas sobre el primer viaje de los humanos a la luna y la leyenda que decía que la luna estaba habitada.
  • - Y a propósito de que la Luna estuviera habitada, ¿cómo se llamarían los habitantes de la luna?. ¿Lo sabes?...
  • - Pues claro los habitantes de la luna son los lunáticos.
  • - No hombre no, los lunáticos son aquellas personas que están algo mal de la cabeza.
  • - ¿Los locos?...
  • - Bueno, algo así, sí.
  • - Pues si no se llaman lunáticos, entonces se llamarán lunares, ¿no?.
  • - No, tampoco has acertado con el nombre de los supuestos habitantes de la luna y de seguir así, me parece que cada vez te vas a equivocar más. Los habitantes de la luna reciben el nombre de selenitas.
  • - ¡ Anda!, como la diosa esa que me has nombrado antes, ¿no?...
  • - Sí señor, esta vez has atinado. Los supuestos habitantes de la luna son los selenitas. Estos son unos seres muy diminutos, que viven debajo del suelo lunar y que salen a la superficie por las noches, se visten con papel plateado y por eso vemos brillar la luna.
  • - No seas embustero, yo sé que la luna brilla porque refleja la luz del sol, que me lo ha contado mi seño en el cole.
  • - Eso está bien, que aprendas cosas y prestes atención en el colegio, pero no olvides que desarrollar la imaginación es bueno y necesario, no vamos a estar siempre con las cosas serias. ¿No te parece?.

Estaban en esta conversación cuando se escuchó la voz de la  madre diciendo que se dejaran ya de historias puesto que al día siguiente tendrían que madrugar para ir al colegio.

     Jorge protestó, pues se estaba interesando con la historia que le estaba contando su abuelo y al darse cuenta de que iba a arroparlo definitivamente, se destapó y se quedó sobre la ropa de la cama.

     El abuelito se dio cuenta de que tendría que continuar un poco más y lo calmó.

- No te preocupes, vuelve a meterte en la cama y te prometo continuar un rato más hablando de la Luna y de los lunes.

Los lunes, continuó diciendo, son esos días tan ingratos que vienen a continuación de los fines de semana. Son esos días en los que nos dan ganas de decir que estamos enfermos, que nos duele la barriga..., pero esto no sólo les ocurre a los pequeños, a los mayores también les pasa pero no se atreven a confesarlo.

La luna era la figura de la diosa Selene para los griegos muchos siglos antes del nacimiento de Jesús, dijo el abuelo retomando el tema, pues este pueblo era el más culto de su época. Los griegos tenían dioses y diosas para todos los gustos, así que la luna personificaba a Selene.

  • - Y esta diosa, ¿tendría un padre?. ¿No?...
  • - Claro que sí, en la mitología[2] se les daban los mismos defectos y virtudes a los dioses que a los hombres y mujeres, así que estos tenían una vida muy parecida a la de los seres humanos. Selene era hija del titán Hiperión[3] y de Tía[4]. Pero antes de contarte algo de su vida te diré que un titán es un ser monstruoso hijo del dios Urano[5] y de la diosa Gea[6], y que al igual que Selene es la luna, Gea es la Tierra.
  • - Entonces los titanes de mi juego de ordenador, ¿tienen algo que ver con este titán[7]?.
  • - Por supuesto, los titanes eran seres muy fuertes, atléticos, más bien feos y de gran tamaño, así que los programadores de juegos le han dado este nombre a los monstruos gigantescos que aparecen en tu video-consola recordando a los titanes de la mitología. Como verás no han inventado nada nuevo ya que los titanes estaban inventados hace más de treinta siglos.
  • - ¡Vaya rollo! y yo que pensaba que esto de los titanes era algo nuevo...

A Jorge se le abrió la boca, se frotó los ojos y sin mediar más palabras se dio la vuelta y se quedó dormido.

Capítulo IV

Lunes por la tarde.

(Si malos son por las mañanas...)

Quisiera ser tan alta

como la luna

¡Ay!, ¡ay!

como la luna,

para ver los soldado

de Cataluña,

¡Ay!, ¡ay!

de Cataluña.

Son las cinco de la tarde, Manuel espera a Jorge en la puerta del colegio, como es costumbre desde que Jorge comenzó con tres años a ir a la guardería.

   Suena un timbre estridente, se abren las puertas de las aulas y lo mismo que si hubieran abierto las puertas del toril, salen vociferando cientos de niños y niñas empujándose de manera tan atropellada que parece que se van a matar.

   Jorge divisa a su abuelo desde lejos y se dirige hacia él sin perder tiempo alguno. Está impaciente. Les ha contado a sus amigos lo de los titanes y al verse rodeado por todos y sintiéndose el centro de la conversación. Quiere volver a experimentar la sensación de ser importante, de saber más que sus compañeros y  ser el centro de atención en el próximo recreo. Desea aprender más cosas sobre el lunes, la Luna, Selene y los titanes.

  • - ¡Abuelo, abuelito!. Grita con la respiración entrecortada por la carrera que se ha dado desde la clase y por la impaciencia por aprender algo más sobre el lunes.
  • - Tranquilo, tranquilo. ¿Qué te pasa?. ¿Te ocurre algo?. Pregunta el abuelo un poco preocupado.
  • - No, no me pasa nada, pero es que quiero que continúes contándome la historia de anoche.
  • - ¿Acaso no podemos esperar a la hora de dormir?
  • - ¡Pues claro que no!. Yo quiero saber algo más sobre la Luna, así que mientras vamos para la academia puedes ir contándome cosas nuevas, ¿vale?.
  • - Está bien, toma el bocadillo y a la vez que te lo comes en el jardín proseguirémos con la historia.

   El abuelo se ha hecho cargo de la pesada mochila. Jorge se enfrenta a un estupendo bocata de salchichón que le ha llevado su abuelo y caminando uno al lado del otro se dirigen hacia el jardín que hay cerca de la academia de inglés donde normalmente suelen quedarse un ratito todos los días antes de comenzar la clase de idioma.

Una vez en el jardín, Jorge no se va hacia los columpios, como es costumbre,  sino que se sienta al lado del abuelo y entre bocado y bocado espera impaciente a que comience la narración interrumpida la noche anterior a causa de la presencia del sueño.

  • - Me parece que lo habíamos dejado en que los titanes son unos seres fantásticos, de gran estatura y fuerza descomunal. En realidad no había tantos titanes como en tu video-juego, pues sólo había doce que se casaron con sus hermanas y de estos matrimonios nacieron dioses y diosas menores como la Luna, Selene.
  • - Y de Selene, ¿no sabes nada de su vida?...
  • - ¡Hombre! nada, nada... algo sé de ella pues como era una diosa muy guapa tuvo muchos pretendientes, algunos tan importantes como el dios Pan[8].
  • - ¿Cómo el de mi bocata?...
  • - Niño, déjate de tonterías y haz el favor de tratar con más respeto a los dioses. Pan es el dios de los pastores y de los rebaños y si se enfada puede que no podamos bebernos mañana la leche del desayuno o no podamos volver a comer carne, así que no digas tonterías y déjalo en paz.
  • - Y este dios, ¿cómo era?
  • - Pan, que era uno de los llamados dioses menores, era un diosecillo muy especial pues siempre estaba alegre. Se pasaba el día cantando, saltando, bailando... además, tenía una conversación muy agradable pero en su contra estaba su aspecto físico, pues todo lo que tenía de gracioso y alegre era contrarrestado por su apariencia.
  • - ¿Tan feo era?
  • - Voy a intentar hacerte una breve descripción de su persona y tú mismo dirás qué tal era.

Este dios tenía las orejas puntiagudas, la boca grande, la nariz enorme y ganchuda y todo esto se completaba con unas barbas de macho cabrío.

   El  cuerpo, de medio para arriba, era de persona; pero de medio para abajo, era de cabra, con patas, con pezuñas y hasta con un largo rabo.

Pan, con esta figura asustaba no sólo a los humanos sino que las más temibles fieras huían ante su presencia.    

Interiormente era dulce y amable,  pero como todos se asustaban de él...

El caso es que una vez se enamoró de una ninfa[9], la más dulce y delicada de las ninfas, pero a pesar de que Pan era muy agradable en la conversación y bastante alegre y simpático, la ninfa no quería casarse con él.

 Cierto día, Pan se propuso raptarla y casarse con ella a la fuerza. La preciosa ninfa se enteró de las intenciones de Pan y decidió tirarse a las aguas de un río antes que desposarse con este dios de aspecto  tan desagradable y feo. 

Pan, que la seguía a todas partes, presenció que la dulce ninfa se arrojaba al río y se tiró tras ella para sacarla y consumar el rapto. En el agua, creyendo llevar a su amada entre sus brazos, cogió algo y salió del río. Su sorpresa fue comprobar que lo que traía entre sus brazos era ni más ni menos que una brazada de cañas.

Pan, se entristeció, pero como era de un talante alegre, para consolarse sólo se le ocurrió cortar siete cañas de distintos tamaños y con ellas confeccionó una flauta que al ser soplada sus dulces sonidos recordaban la melodiosa voz de su amada.

  • - ¿Esa flauta es como la que usan en algunos países americanos?
  • - Sí, algo así debe de ser, aunque en América del sur la hacen proceder de otra mitología, su origen mágico es coincidente.

Pero volviendo a nuestro tema, como te iba diciendo, la Luna era una diosa muy guapa y aparte de Pan tuvo amores con Endimión.[10]

  • - Y este tal Endimión, ¿quién era?
  • - Haz el favor de no interrumpirme y así te enterarás mejor, ¿vale?. Endimión era ni más ni menos que nieto del mismísimo Júpiter[11], al que también se conoce por el nombre de Zeus[12], el dios más importante del Olimpo[13],. Este era un joven muy apuesto, representa a los sueños, y al ver a la Luna se enamoró de ella y de este matrimonio nacieron cincuenta hijas y un hijo llamado Etolo[14].
  • - Abuelo, ¿y cómo era Etolo?.
  • - Mira Jorge, vamos a hacer un trato, tú no me interrumpas tanto y menos con preguntas sobre todos los dioses y diosas que yo nombre, pues si no nos centramos en nuestra historia, jamás vamos a poder terminarla, ¿de acuerdo?

No estaba muy seguro Jorge del trato pero no le quedaba más remedio que aceptar pues se moría de impaciencia por saber más cosas sobre este día tan feo: el lunes.

  • - Veamos, por dónde íbamos... ah sí, decíamos que tuvieron cincuenta hijas y que estas representan a las cincuenta lunas que hay entre una fiesta de Olimpia[15] y la siguiente fiesta.
  • - Mira abuelo esta vez no me gruñas, pero esto de Olimpia, ¿tiene algo que ver con las olimpiadas[16]?
  • - Está bien, tú ganas, dijo el abuelo con resignación, cuando no sepas algo me lo preguntas, aunque me temo que los días de la semana se van a alargar en exceso. Si hijo, sí, las Olimpiadas eran unas fiestas que se celebraban cerca del monte Olimpo cada cuatro años y consistían en grandes fiestas deportivas, poéticas y culturales, algo así como las olimpiadas de hoy en día pero más cultas y dedicadas al dios Júpiter.
  • - ¿Y las olimpiadas eran como ahora o eran de otra manera?
  • - En lo esencial eran más o menos como ahora pues consistían en una serie de juegos y se competía para ver quién era el mejor en cada una de las disciplinas que entraban a competición; pero sinceramente no creo que se parecieran mucho a las actuales, al menos en la forma de desarrollarse, ya que en estosdesarrollarse.

                 Los juegos, que por cierto no eran cada cuatro años exactos, se realizaban cuando habían desfilado por el cielo las cincuenta hijas de Etolo, es decir, que éstos se celebraban cada cincuenta lunas o lo que es lo mismo cada cincuenta meses de 28 días.

Va siendo hora de dejarlo pero como parece que estás interesado por esta celebración, creo que de manera excepcional me voy a alargar en la explicación de las olimpiadas, así que presta atención, y por favor no me interrumpas muchas veces pues si lo haces, esto se puede convertir en algo eterno. ¿De acuerdo?.

  • - De acuerdo, respondió Jorge abriendo sus enormes ojos como dando a entender el interés que el tema de las olimpiadas despertaba en su interior.
  • - Pues las fiestas o juegos de las olimpiadas daban comienzo con el acto de presentación de los participantes antes los dioses y las ofrendas de sacrificio.
  • - Vamos, igual que la jornada de inauguración que se celebra ahora, ¿no?...
  • - ¡No, no y no!. Contestó el abuelo un poco enfadado. ¿No habíamos quedado en que no me interrumpirías, al menos con tanta frecuencia?. ¿Acaso no me entiendes?. ¿O es que no quieres que te cuente esto de las olimpiadas?.

Jorge puso cara de desconcierto ante la salida de tono del abuelo e hizo un mohín tan gracioso que al abuelo no le quedó más remedio que echarse a reír y proseguir contando como se desarrollaban las primitivas olimpiadas, tal y como si no hubiera ocurrido esta nueva interrupción.

  • - Una vez que los atletas se habían presentado ante los dioses y habían realizado sacrificios y oraciones se preparaban para dar comienzo a los juegos en sí.

Tendré que aclararte que lo mismo que ahora se utilizan diferentes tipos de estadios para cada uno de los deportes que se practican, en la antigüedad también se precisaba de dos tipos de locales para cada uno de los dos bloques diferentes de juegos que se realizaban.  Por un lado estaban los deportes en los que intervenían los caballos y los carros y estos se realizaban en el hipódromo mientras que el resto de las actividades deportivas tenían lugar en el estadio.

  • - ¿Qué deportes se practicaban?
  • - Pues no eran tantos como en nuestros días pero alguna de las pruebas no han cambiado en todos estos siglos, si acaso han sufrido breves variaciones tanto en el reglamento como en las normas de protección hacia los participantes, ya que en la antigüedad, a veces, podía llegarse hasta a la muerte de alguno de los contendientes.

Entre las pruebas más famosas se encontraban la lucha, el pancracio, el boxeo y el pentatlón.

   Los deportistas que participaban en la lucha se untaban con aceite todo el cuerpo para de esta manera hacerle más difícil al rival que lo pudiera coger. Hoy en día se sigue practicando lo que se denomina lucha greco-romana, que viene a ser  muy parecida a la de aquella época.

     En el boxeo, los púgiles se enfundaban los puños con una especie de bolsas de cuero entrelazadas con láminas de plomo con el fin de hacer más daño al contrincante. Este deporte sólo lo practicaban los plebeyos pues no era digno de las clases pudientes.

 Lo cierto es que eran unos cínicos ya que los ricos disfrutaban viendo como los más pobres se hacían daño simplemente llegaban a matarse, mientras ellos se divertían.

     El pancracio era una de mezcla de  lucha libre y boxeo, con la única diferencia de que en esta modalidad de lucha las manos no iban cubiertas de guantes.

     Y por último, dentro del grupo de actividades que se realizaban en el estadio, nos encontramos con el pentatlón, o conjunto de cinco actividades, (penta significa cinco), que consistía en el lanzamiento del disco, el salto, la jabalina, la lucha y la carrera a pie.

     La pruebas que se desarrollaban en el hipódromo eran las carreras de caballos y las de carros  que podían ser tirado por dos caballos, carreras de bigas, o arrastrados por cuatro caballos que eran las carreras de cuadrigas. Estas  pruebas, por el contrario a las anteriores, estaban reservadas a los ricos.

  • - ¿Estas eran todas las pruebas que se realizaban en las olimpiadas?.
  • - No, las que te he contado eran las más destacadas, las más importantes, pero había otras muchas competiciones más.
  • - ¿Y los atletas que participaban cobraban? ¿Se hacían famosos como en nuestros días?
  • - Pues mira, en esta época eran tan hipócritas como en la actual, pues desde siempre se ha dicho eso de que en el espíritu olímpico lo importante es participar y no ganar y, además, se dice que solo participan atletas no profesionales y tanto en la antigüedad como en nuestros días esto es falso.

Lo cierto es que los ganadores no recibían dinero en efectivo por ganar pero eso de que el premio consistía en una corona de laurel solamente, no se lo creen ni ellos ya que los vencedores eran recibidos en sus pueblos como grandes héroes y a héroes. A partir de ese momento recibían tierras, casas, esclavos,.... ¡Vamos, que después de ganar en unas olimpiadas se convertían en ricos, los atletas y sus familiares directos! y si esto no es cobrar...

  • - Pero ¿no hay alguno que se hiciera famoso, como los atletas de ahora?
  • - Sí, claro que sí, que se hacían muy famosos. Te he dicho que se hacían ricos y que sus conciudadanos los respetaban toda su vida.

Pero si lo que quieres es conocer a alguno, te puedo contar la historia de un gran atleta, uno de los muchos que se conocen y creo que su historia te va a gustar.

Jorge pone la cara que él sabe poner cuando quiere prestar atención y, esta vez, sin interrumpir, se presta a escuchar la historia de este atleta de la antigüedad.

  • - Como ya te he dicho, en las olimpiadas había más especialidades de las que te he contado, y entre éstas estaba la de demostración de fuerzas, consistente en competir para dilucidar quién era el más fuerte, algo así como la halterofilia actual.

Hubo un joven muy fuerte llamado Milón que vivía en Crotona. Milón tenía unas fuerzas descomunales y como quería ganar en los juegos olímpicos, se puso un duro entrenamiento. Nada más haberse celebrado unas olimpiadas, buscó un ternero recién nacido y todos los días se lo cargaba a las espaldas y se paseaba con él.

     Fueron pasando los días y el ternerillo iba creciendo y ganando peso, pero como Milón lo paseaba a sus espaldas a diario, pues se fue acostumbrando a llevar cada día que pasaba un poco más de peso.

     Pasaron los meses y los años de manera que el ternero se convirtió en un toro adulto y entrado en bastantes kilos. Pasadas las cincuenta lunas, se convocaron nuevamente las olimpiadas  y Milón se presentó en el estadio cargando sobre sus hombros el toro. Ante el asombro de todos los espectadores, Milón se paseó por el estadio y una vez terminado el recorrido le asestó un puñetazo entre los cuernos con tal fuerza que el animal murió en el acto. El público lo aclamaba con grandes vítores ante la hazaña que había realizado, pero Milón, no contento con esta demostración de fuerza, descuartizó al animal y en  presencia del público se lo comió entero.

Milón igual que los grandes atletas actuales, ganó varias olimpiadas seguidas y como comprenderás gozó de mucha fama y dinero el resto de su vida.

     Jorge no sale de su asombro y sólo se limita a preguntar, cambiando un poco de tema, ya que se ha dado cuenta que  la historia  ha llegado a su fin y él quiere que su abuelo continúe con su narración.

     Abuelo, y cuando tú eras niño, ¿se sabía que en la luna no hay gente?

  • - No, no se sabía, creíamos que efectivamente había habitantes en la luna, como si allí hubiera vida. Nos imaginábamos a los selenitas danzando por la luna, entre sus cráteres... Más o menos como ahora nos podemos imaginar a seres de otras galaxias... Fue Julio Vernes el primer escritor que se imaginó un viaje a la luna, ¡antes de que hubiera aviones!, y lo trataron de loco, claro. El caso es que siempre a los soñadores nos han tratado de lunáticos, pero esto no importa para poder seguir imaginando, soñando con Endimión, creando fantasías... imaginándonos a los selenitas, diminutos, asustadizos, vestidos con trajes de plata, la cara tal vez verde, saliendo por la boca de los cráteres de la luna...

En este momento el abuelo se miró el reloj y de un salto cogió la cartera de Jorge, y dándole la mano se encaminaron a la academia.

 Durante el camino no dijeron nada; el abuelo porque con las prisas le hubiera costado trabajo caminar y hablar, Jorge porque iba sumido en sus fantasías alimentadas por las historias de la Luna, Milón...

Una vez finalizada la clase, cuando llegaron a casa, sólo tuvo tiempo de echar una partida en su video-consola, antes de que su madre lo mandara a ducharse.

Jorge protestó un poco por fastidio y otro poco por inercia, pues lo normal era protestar en estos casos, así que mascullando una sarta de palabras ininteligibles, se dirigió al cuarto de baño. Una vez desnudo y metido en la bañera, llamó a su abuelo. Éste, como en esos momentos no tenía nada que hacer, accedió a subir y como se imaginaba lo que quería su nieto, prosiguió el relato.

  • - Del nombre del lunes te puedo decir que en todos los idiomas de origen latino conserva la misma raíz. Así en italiano este día recibe el nombre de lunedi, en francés se llama lundi y como verás su semejanza con el nombre castellano, lunes, es bastante notable y esto se debe a que todos proceden del latín "dies lunae" que quiere decir día de la luna.
  • - Pero abuelo, ¿por qué no me cuentas algo de cuando los hombres subimos por primera vez a la luna?

-    Está bien, si quieres saberlo te lo contaré, pero muy resumido pues si nos tardamos, tu  madre nos va a regañar, ¿vale?

Jorge asintió con la cabeza y  dejó de chapotear en el agua para poder enterarse mejor de la historia. 

  • - Era el verano del año 1.969, exactamente el 20 de julio, yo me encontraba en una colonia de verano en Sierra Morena, como educador, y cuando dejamos dormidos a los acampados más pequeños, les permitimos a los mayores que nos acompañaran para presenciar el hecho histórico que creímos que sería más importante del siglo: ver por la tele el alunizaje de los cosmonautas americano Edwin E. Aldrin y Neil A. Amstrong, mientras que su compañero Michael Collins permanecía en órbita lunar pilotando el módulo de control. Eran altas horas de la madrugada y no te puedes imaginar los momentos de tensión que pasamos delante del televisor, que era en blanco y negro, pues todo era un auténtico misterio, todo eran dudas. ¿Habrá selenitas...? ¿Flotarán en el espacio...? ¿Podrán regresar al planeta Tierra...? Todo era incertidumbre, hasta que por fin pudimos ver cómo descendían de la cápsula hasta tocar con sus pies el suelo lunar y ver como casi flotaban a la hora de desplazarse.

El baño ha terminado a la par que la historia de los astronautas.

 Jorge se ha puesto el pijama, ha bajado a cenar y después, sin refunfuñar se ha subido él solo a dormir. Hoy se encontraba muy cansado.

¡ Que sí!

¡ Que he robado la luna

para ti.

En el fondo del río

la vi

y con redes celestiales

la cogí.

¡ Que sí!

¡ Que yo traigo la luna

para ti.


                                                          

                                                                                  (Pura Vázquez)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo V

(Conoceremos cómo es su casa y algunas aficiones de los padres)

Jorge vive en un piso que no es ni muy grande ni muy pequeño, ni está alto ni bajo, ni es moderno ni antiguo, es... eso, un piso normal.

Como suele ocurrir en estos casos, y más si se es hijo único, Jorge dispone de una habitación para él sólo y, por tanto, esta dependencia en algunos momentos hace las veces de dormitorio, otras de salón de juegos, otras de salita para recibir a sus amistades, otras de leonera y cuando se equivoca también la usa para una rara actividad llamada estudiar. Todo lo peor de este mundo es para los niños. ¿Por qué no tendrán que estudiar los padres.?

El piso de Jorge tiene un pasillo, el pasillo tiene una salita de estar, la salita tiene un tresillo, el tresillo tiene un sofá y en el sofá se duerme Jorge las noches de los viernes y los sábados.

Los demás días de la semana su madre no le permite dormirse en el sofá (Una de las muchas manías de su madre) pues dice que tiene que descansar bien para poder ir al día siguiente al colegio.

¡Vamos, que en el sofá no se descansa bien!. Piensa Jorge.

¿O acaso su madre es una hipócrita y lo que quiere es que le deje el sofá a ella?. Sigue razonando el chico.

Lo cierto es que por las tardes su madre se tumba en el sofá, enchufa la tele y se queda dormida. Supone Jorge que muy incómodamente ya que de vez en cuando hasta ronca.

¿Comprenderá nuestro amigo alguna vez a los mayores?

La casa también tiene una cocina y en la cocina es donde la madre de Jorge se enfada más sin que nadie le diga nada. Se enfada ella sola, no precisa de ayuda, se basta y se sobra con ella misma y los cacharros de cocinar.

El otro día, sin ir mas lejos, comenzó a gritar  desde la cocina tanto o más que si hubiera visto a un fantasma y eso por nada, por una simpleza, verás:

Por la mañana había estado lloviendo y nuestro héroe había disfrutado en el recreo con los charcos de agua, de esta manera pudo comprobar que sus zapatos no eran impermeables. Cuando llegó a casa sentía los pies muy fríos y los zapatos pesaban bastante. Se cambió de ropa y los puso a secar.

¿A que eso está bien hecho?

Pues su madre no paró de gritarle hasta que terminó de echar en la basura las cenizas de los zapatos y los calcetines y limpió el horno.

Otra vez se enfadó, (la madre de Jorge no tiene sentido del humor) porque le cambió los tarros del azúcar y la sal y tampoco le hizo gracia. Jorge se lo pasó estupendamente viendo a su padre conteniéndose la risa y la madre cada vez mas molesta.

Lo mejor de este caso es que terminó por enfadarse con el padre y dejó al hijo libre de toda regañina.

Así que sigamos enseñando la casa. La cocina es amplia según el padre y pequeña según la madre. El abuelo y Jorge se abstienen de comentarios ya que con estos empates técnicos se lo pasan todos muy divertido en casa.

Elena quiere que su hijo aprenda a cocinar poco a poco así que el programa de cocina para este año es el siguiente:

  • 1. Traer y llevar las verduras, patatas y frutas cuando la madre se lo ordene. Por ejemplo, cuando Jorge está jugando con la video-consola la madre dice con voz de sargento: ¡niño, tráeme las patatas de la terraza!.
  • 2. Ir a la tienda del barrio, corriendo que hace mucha falta, a por colorante.
  • 3. Pelar las cebollas que sean necesarias para la comida. La madre suele decirle con voz mimosa: anda, guapo, pela esta cebolla que a mí se me corre la pintura de los ojos.

Para el segundo año de cocina el programa se verá incrementado con clases de:

  • 1 Pelar patatas.
  • 2 Rallar zanahorias.
  • 3 Poner y recoger la mesa.

La casa también tiene cuarto de baño.

Jorge está completamente convencido de que no es más alto porque le obligan a  bañarse todos los días. Según su teoría lo que crece por el día lo encoge a la noche siguiente con la ducha.

A esta conclusión llegó cuando queriendo ayudar a su madre, le metió el mejor jersey en la lavadora y cuando lo sacó quedó tan pequeño que le estaba pequeño a su Geiper Man.

Otra dependencia digna de mención es esa especie de terraza-balcón-lavadero-huerto en donde Jorge pasa muy buenos ratos jugando y donde su padre pierde el tiempo creyéndose un buen agricultor.

Rafael, el padre, siembra tomates, pepinos, pimientos... en tiestos de barro y se pasa las mañanas de los domingos observando las plantas, midiéndolas, abonándolas, podándolas...

La cosecha de este año ha consistido en 4 tomates, 2 pimientos y 2 pepinos.

Los mayores son imprevisibles ya que nunca podía imaginarse Jorge que se pusieran tan contentos con tan mísera cosecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo VI

Martes

(... Y vio Dios que estaban bien.)

Eso, eso, eso, eso;

¡No pelear!... ¡no pelear!

lo mejor es que cantemos,

que cantemos cada cual,

y el que más y mejor cante,

le den el premio y ¡en paz!.

                                                                       (Manuel Abril)

Dª Antoñíta, la seño de Jorge, ha solicitado la colaboración del alumnado, para que pidan a algún familiar que venga al cole a  impartir una conferencia para conmemorar el "Día de la Paz y no Violencia".

     ¿Imagináis quién ha dicho que su abuelito sabe mucho sobre ese tema y que se sentirá muy feliz de ir al día siguiente para impartir esa charla?

     Sí, Jorge ha propuesto y asegurado que no hace falta que los demás pregunten en sus casas. Su abuelo estará encantado de hacerlo. Se ha dado por zanjado el tema y la seño cuenta con la presencia de D. Manuel.

     La señorita Antoñíta ha dado algunas ideas sobre el tema a tratar, y ha propuesto que le insinúe a su abuelo que hable sobre Gandhi[17], Martín Luther King[18],... pero parece ser que Jorge tiene otra idea algo más fantástica.

     Manuel se ha quedado de piedra cuando Jorge le ha dicho que, sin poder rechazar la oferta, mañana por la mañana tiene que hablar de guerras, de paz, de violencia, de amor...

     También se ha quedado un poco sorprendido cuando le ha dicho, llevándole la contra a su señorita,  que los temas de Martín Luther y Gandhi los ha desechado porque eso ya se lo explicaron el año pasado.

     El abuelo, sin inmutarse le pregunta a su nieto.

  • - ¿Puede saberse entonces de qué puedo hablar?.
  • - Pues claro, lo que tienes que hacer es contarnos algo de esos dioses antiguos si había uno llamado Pan, dios de los pastores, y otro era de los sueños, Endimión, pues puede que otro sea de la guerra, ¿no...?
  • - En eso tienes razón, los griegos y los romanos tenían dioses para todas las cosas y como comprenderás, la guerra era algo muy corriente en esos tiempos, y en estos por desgracia también.
  • - Entonces ya podemos irnos para la clase de informática. Después tengo que hacer un dibujo para esto del "Día de la Paz y no Violencia".

Abuelo y nieto,  arreciaron el paso y en un periquete se encontraban en la academia.

Antes de entrar, Jorge se comió un inmenso bocata de mortadela.

A las ocho y cuarto Jorge se puso a bañarse, al rato cenó  y un poco después de las nueve se dirigía, esta vez acompañado por el abuelo, al dormitorio.

  • - Esta noche te tendrás que dormir sin que te cuente la historia de hoy, pues como "me he comprometido" a dar una charla mañana en tu colegio ya escucharás lo que te iba a contar hoy sobre el martes.
  • - ¡Eso no es justo!. Protestó Jorge, si no me quieres contar lo de la charla, me cuentas otra cosa y ya está.
  • - Pero, ¿ acaso te crees tú que yo soy una máquina de contar historias?.
  • - Una máquina... no... pero... algo parecido..., dijo el niño guiñándole un ojo al abuelo.
  • - Está bien, está bien, de todas maneras tenía tema para más de una charla. Esto del martes es bastante largo, así que hoy te contaré lo que no tiene que ver con la guerra y mañana en tu cole puedo contar la otra parte.

Jorge agarró fuertemente a su abuelo por el cuello y le llenó la cara de besos. Él sabía que no le iba a dejar en la estacada su abuelito.

  • - Como tú sabes, hay personas que son supersticiosas. Personas que creen que hay días favorables y días desfavorables. Días en los que todo te saldrá bien y días en los que no darás una en el clavo.

 Entre los hindúes los martes son de esos días aciagos, de esos días que mejor sería que no amanecieran, días en los que no se deben comenzar negocios ni viajes largos...

Esta tradición y superstición nos ha llegado a nosotros, los occidentales, y hay personas que creen que los martes son días malos para todo.

  • - ¿Por eso es el refrán de "en martes ni te cases ni te embarques"?
  • - ¡Hombre! Me sorprendes nuevamente, pues no esperaba que te acordaras de los refranes que he intentado enseñarte. ¡Sí señor!. Aunque parezca mentira, de la cultura asiática hemos copiado eso de que los martes son días malos.

Pero para otros pueblos los martes son todo lo contrario, son los mejores días, los días de la suerte.

  • - Y entonces, ¿quiénes tienen razón?
  • - A veces me sacas de mis casillas, ¿es que no me prestas atención?. He comenzado por decirte que estas cosas las creen las personas que son supersticiosas, así que como comprenderás ninguno tiene la razón, los días no son ni buenos ni malos, solo son días.
  • - Sí, pero los lunes son peores que los sábados, ¿no?...
  • - Bueno, me rindo... Sí, los lunes son peores que los sábados, respondió el abuelo con resignación, mientras que Jorge se tapaba la cara para que no lo viera reírse.
  • - Pues como te iba diciendo, para los judíos, por ejemplo, los martes son los mejores días de la semana porque en el Talmud[19], su libro sagrado, dice: " Y vio Dios que estaban bien".
  • - ¿Quiénes estaban bien?, ¿Cuándo lo dijo dios?, ¿Qué dios dijo eso?...

El abuelo no tuvo más remedio que taparle la boca para evitar que la cascada de preguntas continuara saliendo de la boca de su nieto.

  • - Está bien, está bien. Haz el favor de callar y veremos si puedo responderte a tantas y tantas preguntas.

Comencemos por el principio: en primer lugar has de saber que hay tres religiones que creen en un solo dios, estas religiones se llaman monoteístas y son el cristianismo, el islamismo y el judaísmo. Estas tres religiones creen en un Dios Creador que hizo el Mundo en siete días.

  • - Eso me lo ha contado mi seño en el cole, así que sé que el primer día hizo los ángeles y la luz, el segundo el firmamento, el tercero separó las aguas de la tierra, el...

El abuelo le interrumpió.

  • - Muy bien, esto me ahorra bastante tiempo. Como te iba contando está escrito en el Talmud: "...y vio Dios que estaban bien" así que esto ocurrió el tercer día del calendario litúrgico, el martes, y si para el Creador las cosas estaban bien... para los humanos...
  • - ¿Y por dónde se asomó el Creador?
  • - Mira eso es tema para otra historia, así que ahora a dormir, que mañana hay que ser bueno y yo tengo que preparar mi conferencia.

Jorge pidió un beso y sin decir ni media palabra se dio la vuelta y se durmió.

 

 

 

 

 

 

 

 

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flamenco

flamenco escribió esta anotación hace 2 meses. En ella habla sobre Cuento.

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