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Este es el primer libro escrito en lengua castellana sobre el arte de domar, curar y tratar a los caballos

por flamenco
miércoles, 11 de junio del 2008 a las 20:37
guardado en

 

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ARMAS DE LOS CHACONES

Tratado de la caballería[2] de la gi

neta, hecho por el comendador Fernán chacón, co

mendador de Montanchuelos de la orden y caba

llería de Calatrava. Dirigido al muy magnífico

señor Juan vazquez de molina[3], señor de Payo, y

secretario de su majestad, y de su consejo.

 

 

El principe

Por cuanto por parte de vos Fernan[4] Chacón comendador de Montanchuelos de la orden de Calatrava, nos ha sido hecha relación, que vos habéis compuesto un libro que trata de cosas de la gineta;[5] suplicándonos y pidiéndonos por merced que habiendo respecto al trabajo que en componerlo habéis tenido, os la hiciésemos de mandar que vos o quien vuestro poder y no otra persona ni personas alguna puedan imprimir y vender el dicho tratado, o como la vuestra merced fuese; y nos teniendo consideración a lo susodicho y a lo que nos habéis servido y servís, lo habemos habido por bien. Y por la presente os damos licencia, para que por tiempo de diez años que se cuenten desde el día de la fecha de esta mi cédula en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder para ello hubiere y no otras algunas puedan imprimir y vender el dicho tratado de la gineta en estos reinos de la corona de Castilla, ni traerlo a vender de fuera parte; so pena que la persona o personas que sin tener para ello vuestro poder, los imprimieren o hicieren imprimir y vender, pierdan la impresión que hicieren y los moldes y aparejos con que lo hicieren. E incurran mas cada  uno de ellos en pena de cincuenta mil maravedíes cada vez que lo contrario hicieren; la cual dicha pena mandamos que se reparta en esta manera. La tercia parte para la persona que lo acusase; y la otra tercia para el juez que lo sentenciare; y la otra tercia parte para nuestra cámara. La cual dicha  licencia damos con la dicha impresión y la tasación de lo que se hubiere de llevar por los libros que se vendieren, se haga con acuerdo y parecer de los del consejo de su majestad.  Y mandamos a los del dicho consejo, presidentes y oidores[6] de las nuestras audiencias; alcaldes, alguaciles[7] de la nuestra casa y corte y cancillerías; y a todos los corregidores[8], asistentes[9], gobernadores[10]; alcaldes, y alguaciles, merinos[11], prebostes[12]; y otras justicias y jueces cuales quiera de los nuestros reinos y señoríos; y a cada uno y cualquier de ellos en sus lugares y jurisdicciones, que guarden y cumplan, y hagan guardar y cumplir esta nuestra cédula y lo en ella contenido: y contra ella os no vayan ni pasen; ni consientan y ni pasar en tiempo alguno, ni por alguna manera; so pena de la nuestra merced, y de diez mil maravedíes a cada uno que lo contrario hiciere para nuestra cámara. Fecha en Valladolid; a veinte y cuatro días del mes de Julio, de mil y quinientos y cuarenta y ocho años.

Yo el príncipe[13]

Por mandato de su Alteza

Juan Vázquez[14]

En la villa de Valladolid a XVI días del mes de Enero; año del señor: de M. D. XLIX. años. vista esta cédula por los señores  del consejo de sus majestades, conforme a lo que por ella su alteza manda; dijeron que tasaban la obra en ella contenida en veinte maravedíes cada libro de ella.

El lic. mercado de peñalosa                     Rodrigo de Medina

Tratado de la caballería de la gineta que hizo y escribió el comendador Henán[15] Chacón; comendador de Montanchuelos de la orden de Calatrava. Dirigido al muy magnífico señor Juan Vázquez de Molina, seño de Payo; y secretario de su Majestad y de su consejo.

E

escrito esta (muy magnífico señor) que la ociosidad es enemiga del ánima y del cuerpo; y por huir de ella me pareció escribir algo de la caballería de la silla de la gineta. A la cual (a vueltas de tan grandes negocios como vuestra merced siempre ha traído entre manos) siempre conocí de él siendo yo cortesano, de holgarse de cabalgar a la gineta; por gozar de muchas y buenas gracias que en ella se contienen. Las cuales ya se van olvidando y perdiendo, a causa de la silla de la estradiota[16] que ahora se usa. Yo señor doliéndome de esto, determiné de escribir en favor de la gineta lo que de ella siento, y como se debe hacer, y cabalgar en su silla; y todo lo demás que debe hacer el buen caballero a la de la gineta; y como se han de tratar los caballos. Y por conocer de vuestra merced ser a ella aficionado, y ser mi señor me he atrevido a dirigirle este mi breve trata

                                                        a ij

do; para que de vuestra merced sea favorecido y mirado con ojos de amor, y como cosa de su servidor.  Y si le pareciera tal lo muestre al príncipe nuestro señor, y le suplique mandar dar su cédula real para que la imprima; porque la gineta sea de mano de vuestra merced favorecida y tenida en mucho pues con ella los católicos y bienaventurados reyes de gloriosa memoria, don Fernando y doña Isabel, ganaron y sojuzgaron estos reinos de España. Y el rey católico, nunca se hallara que en ninguna guerra que tuvo anduviese sino a la gineta. Y asi mismo el gran capitán Gonzalo hernández[17] con ella ganó dos veces toda Italia. Y así mismo muchos señores y grandes de estos reinos, nunca hallaron en cosa de guerra sino a la gineta; y con ella les dio Dios muy grandes victorias y vencimientos de sus enemigos.

Irá repartido en diez y seis capítulos en esta manera.

En el primero se dirá de las colores[18]  de los caballos, cuales son las mejore.

En el segundo se dirá de los talles de los caballos que tales han de ser.

En el tercero se dirá como se han de criar y curar los dichos caballos.

El iiij se dirá que tales han de ser las sillas y frenos.

En el v, se dirá que tales han de ser las espuelas.

En el sexto se dirá de las bocas de los caballos y de sus frenos.

En el séptimo se dirá como se ha de poner el caballero en la silla gineta.

En el octavo se dirá como se ha de correr la carrera con la lanza y sin ella.

En el noveno se dirá como se ha de correr la carrera con capuz[19] cerrado.

En el décimo se dirá como se ha de correr la carrera de lanza y adáraga[20].

En el onceno se dirá como se ha de poner el caballero en las caballerías, y como se ha de haber con los caballos ponedores.[21]

En el, xij, se dirá como se ha de jugar a las cañas.

En el tercio décimo se dirá como se han de esperar los toros a caballo.

En el décimo cuarto se dirá de las enfermedades que suelen salir a los caballos.

En el, xv se dirá de la cura de algunas de ellas.

En el décimo sexto se dirá como se ha de pasear el caballero en su caballo.

Capítulo primero de las colores de los caballos, cuales son las mejores.

C

uanto a este capítulo que habla de las colores de los caballos cuales son mejores, digo que por lo que he visto y probado por experiencia; así en mis caballos como en los ajenos, me parece que los ca

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staños  y rucios,[22] por la mayor parte son los mejores y más naturales de boca y cascos, y para más trabajo, porque los blancos naturalmente no tienen boca ni cascos, y los morcillos[23] son cortos de vista y rijosos y tristes; los hoveros[24] son muy tiernos de bocas y cascos, y de todo lo demás; los alazanos[25] son ardientes de boca por la mayor parte . Así que yo tengo por los mejores colores de todos los castaños y rucios; aunque los bayos[26] naturalmente son flojos, y de los castaños los mejores son de color de castaña, y que tengan las cañas[27] muy negras, y la cola muy gorda y muy poblada; y así mismo las crines muy pobladas y calzado de los dos pies o del uno, y con una estrella en la frente; y en las manos no tenga ningún blanco. El rucio ha de tener y ser oscuro azul, que vuelve en rodado[28], y con gruesa cola, y muchas crines. Y esto cuanto a las colores.

Capítulo segundo, los talles de los caballos que tales han de ser.

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e los talles de los caballos diré aquí lo que siento, remitiéndome al parecer de vuestra merced. Para tener el caballo buen talle, se requiere que tenga muy buenos cascos, no tendidos, ni tampoco pati muleto, sino en buena manera, y muy lisos y sin arruga ni cerco, ha de tener las canillas[29] de pies y manos muy anchas y con crenejas[30], y cortas las cuartillas[31] de pies y manos. Ha de ser que se huelle[32] muy abierto de pies y manos; que no se toque ni roce. Ha de tener los pechos muy anchos y salidos como nariz de barco. Ha de ser henchido de delante, y bien puesto de pescuezo. Ha de tener la frente ancha, y no angosta; y los ojos gordos y negros, y salidos del casco; y las cuencas no sumidas.[33] Ha de tener los oídos largos y bien puestos. Ha de tener la cabeza pequeña y bien formada; y las narices anchas y con muchos alientos de dentro, que son unos agujeros que van hasta el corazón y los livianos.[34] Ha de tener la boca ni muy hendida, ni tampoco boquiconejuno, sino en buena manera. Ha de tener la barba, la punta como de huevo, y adonde ha de andar la barbada[35] no tenga carne ninguna. Ha de tener el aguja[36] alta y muy buen costado, y grandes caderas partidas por medio. El sieso[37] ha de tener salido y no hundido. Ha de ser corto de ijada;[38] y sobre todo que tenga buena gracia  y donaire en el paso y andamio;[39] y que corra aprisa y pare aprisa, y sea sosegado y cuerdo. El pescuezo que salga del pecho y no del aguja; porque nacido del pecho va por arriba; y del aguja por abajo.

Capítulo.iij. De como se han de criar y curar[40] los caballos.

aiiij

E

n como se han de criar y curar los caballos y potros, así en el seco como en el verde; diré mi parecer. El potro se ha de tomar de las yeguas de dos años y medios, o de treinta meses; y se ha de amansar y enfrenar[41] cada día, hasta que ya puedan salir en él. Y después vezarle[42] a pasear y andar por el campo y por las calles, de noche y de día. Y cuando supiere bien de freno, de volverse a un aparte y a otra, hale de mover al trote, ganándole la boca poco a poco;  y después algunos días al trote, y vezarle a parar sobre los pies; y tornarlo seguro cuando haya parado; y revolverlo paseando por donde vino y esto de tarde en tarde y pocas veces. Y al andar y pasear en él sea cada día un rato, hasta haberle mostrado lo que él no sabe hacer. Y después de ya hecho caballo, hase de curar de esta manera. Lo primero, que el mozo de caballo ha de hacer en entrando en la caballeriza es, enfrenar al caballo, y luego alzarle la cama, y limpiarle los pies y las manos con un cuerno de cabra o de ciervo, y alimpiarle y almahazarle[43] muy bien; y luego darle su brebajo[44] de levadura de un día o de dos deshecha en agua tibia; y esto de la levadura será cinco o seis días; y luego darle han el brebajo de masa fresca; porque con la levadura se purga, y con la masa engorda, deshecha en agua tibia, y con un poco de sal. Y tras esto darle han su cebada a la mañana; y otra vez al medio día, y otra a la noche con su paja cebadaza[45] todo muy limpio. La cebada será, según fuere el caballo y la voluntad del caballero que lo tuviere. Otros piensos suelen dar algunos a sus caballos de más de la cebada ordinaria, mas yo nunca acostumbré dar a mis caballos sino lo que arriba dije. Y así mismo en el invierno,  cuando hace mucho frío, les mandaba dar zanahorias de noche cortadas un celemín a cada caballo. Y en el verano alguna avena remojada en las siestas. Y estos dos piensos he hallado que son los mejores, y de menos peligro que el verde; porque en el verde siempre suelen responder a las piernas y brazos de los caballos algunas enfermedades; y para algún remedio de estos  yo siempre acostumbré mandar desgobernar[46] mis caballos de pies y manos, y siempre me hallé bien con ellos.

Capítulo. iiij, que tales han de ser las sillas y frenos de la gineta.

L

o que  a cerca de esto he visto a grandes jinetes, y yo he experimentado es muy contrario de lo que ahora se usa; que a mi ver va fuera de razón; porque las sillas pequeñas y bajas de arzones[47]  que ahora quieren usar, tienen muy grandes faltas; así en la ropa como en los arzones; que por ser tan bajos y cortos, hacen descubrir al caballero muchas faltas, y aun a las

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veces salir de la silla. A mi parecer la silla de la gineta no ha de ser muy baja de arzones, sino de razonable altura, para  que el caballero los halle delante y detrás cuando los buscare, y se afirme en ellos. Y las corazas[48] han de ser tan largas que solamente queden por cubrir de los arciones[49] tres dedos; y de esta manera el caballero irá más fuerte y firme, y asido a la silla.     Y para más perfección, y para más provecho del caballero, y bien parecer, conviene que la silla lleve su caparazón[50] o mochila bien reatada a dos sortijas que se ha de poner en la cincha[51] para la reata;[52] y la reata ha de venir tres veces  a se asir en las sortijas, y desde el arzón delantero, y volver a acabar a la una sortija. Y de esta manera reatada la silla, el caballero irá más fuerte y firme en la silla, y más hermoso el caballo. Y en cuanto a las estriberas[53] y espuelas de la gineta, así mismo me parece que las que ahora usan van muy fuera de la razón, entra ellas tan angostas y pequeñas como las traen; porque se siguen muchos inconvenientes: El uno es, parece mal y cosa muy rahez;[54] y el otro, que siendo tan livianas y tan angostas las estriberas, el pie no puede ir bien puesto; ni asentado, antes va a peligro; porque topando con otro caballero, va el pie descubierto y desarmado, y a peligro de perder. Las estriberas a mi ver para la gineta han de ser redondas, y medianas, y pesadas; así para parecer bien, como para que el caballero vaya más fuerte, y el pie más firme y seguro; porque va armado con la misma estribera. No soy de parecer que sean marinas, o a lo menos si no lo fueren, no ha de tener en la parte alta puntas sino que sean redondas cabe[55] el asa; porque con las puntas de arriba pellizcan y muerden los caballos con la cincha; y hácenles dar de la cola, y aun a las veces volver a morder el estribo.

Capítulo. V, que tales han de ser las espuelas de la gineta.

L

as espuelas de la gineta a mi parecer no han de ser tan largas de astas y puestas como ahora las traen; porque tienen dos contrarios muy graves. El uno es del caballo, y el otro es del compañero que va cabe él; mayormente si van o arremeten muchos juntos: que sus mismas espuelas hieren al compañero, como muchas veces yo lo he visto. Así que en todas las cosas en los medios consiste la virtud. Y el espuela[56] basta que desde el botón atrás tenga tres o cuatro dedos de largo, y no más. Y así mismo que no sea tan poblado de acicates, que suban encima del empeine del pie sino que no llegue a él; porque el pie va más descansado, y asienta mejor el espuela; la cual nunca hasta hoy vi, que ningún mozo de espuelas

                                                                           a vj

las supiese calzar a su amo, ni ponerla en su lugar y por esto siempre tuve por costumbre de me las calzar yo mismo antes que cabalgase a caballo. La manera de la largura que las arciones[57] y estribos han de llevar, han de ser conforme a la disposición del caballero: y a mi parecer sería, que fuesen un punto más largo que corto, porque con algo largo parecen mejor las piernas del caballero, y se sojuzga mejor el caballo, y el caballero más señor de su caballo, y dará mejor de los pies. Y si va muy corto, será por el contrario. Y esto cuanto a las sillas. Y tornando a los frenos digo, que por no ser aquí, plijo[58] en lo escribir, no diré todo lo que de ello siento; mas tocaré brevemente en algunas cosas que he probado. Y digo que para el caballo que tuviera gorda la lengua será menester un freno abierto de asientos y desvenado, y la barbada[59] redonda y de buenos tiros.

Capítulo. vj. de las bocas de los caballos; y de sus frenos.

E

l caballo que tuviere la lengua delgada, habrá menester el freno de los asientos gordos y blandos, y los tiros no muy largos. El caballo que fuere boquiconejuno habrá de tener freno corto de mosal[60], y la barba redonda, y los tiros en compás del freno. El caballo que tuviere la boca hendida habrá de tener un freno alto de mosal, y de tiros conforme al mosal. El caballo que fuere muy blando de boca habrá menester encordarle el freno, y quedará más tieso. Y de esto no quiero decir aquí más, que sería largo de decir, y por no ser prolijo no lo escribo.

Capítulo. vij. de la manera que se ha de poner el caballero en la silla, desde los pies hasta la cabeza.

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omenzando por los pies digo, que los pies se han de poner en los estribos, de manera que no parezca ni sobre nada del pie fuera del estribo. Halo de asentar parejo e igual; y afirmarse muy fuertemente sobre la planta y dedos de los pies; de manera que desde la fuente del pie atrás quede libre para batir y dar de los pies con las espuelas libre y sueltamente. Las espuelas han de ir muy firmes y apretadas en el pie; para que el pie sea señor de las mandar como conviene. Han de ir un poco derribadas de las puntas para abajo; porque da más aire y gracia al herir y dar de los pies con ellas. Y de la manera que pusiere los pies cuando cabalgare en el caballo, no ha de menear las puntas hasta que se apee de él. Y la manera de herir con ellos ha de ser esta. Que cuando el caballo corriere la carrera, ha de dar de los pies al tono que el caballo pusiere los suyos; y el tiempo del parar, si el caballo fuere de buena boca y lo

                                                                                     a vij

sufriere, también dará de los pies el caballero, como viniendo a la carrera, porque el caballo con miedo de las espuelas meterá más los pies al parar, y parecerá mejor el caballero. Pero si la boca del caballo no lo sufriere, pare los pies al tiempo que comience a para el caballo. Así mismo los pies han de ir puesto de tal manera, que no lleven las puntas para afuera; sino muy iguales en el estribo. Las piernas han de ir muy iguales y bien puestas, conforme a los pies; y muy fijos y firmes para abajo. Los muslos han de estar muy fijos y firmes con la silla; y en ninguna manera los muslos se han de despegar ni apartar de la silla: El caballero ha de procurar que en la silla no valla asentado, ni menos levantado; sino de tal manera que toda la fuerza cargue sobre los muslos y pies; porque descuidándose de esto, hará muchas faltas en la silla. El cuerpo ha de ir firme y derecho, y el rostro sereno y descuidado; las riendas en la mano izquierda; y puesta en aquel lugar que a la boca del caballo conviene; que a las veces alta, otras veces blanda, y otras veces recia. Esto queda al buen albedrío del caballero.

Capítulo. viij. como se ha de correr con lanza y sin ella.

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e la manera como se ha de correr con lanza y sin ella, diremos aquí un poco. Corriendo sin lanza con capa abierta, me parece que se ha de hacer de esta manera. El caballero se ha de cubrir su capa y echar el álabe[61] derecha sobre el hombro izquierdo, y el izquierdo echará sobre el mismo izquierdo y tomará la alda[62] de la capa, y meterla ha debajo las piernas, porque corriendo no salga sobres las ancas del caballo. Y así mismo se apretará el bonete o caperuza muy bien; no sea gorra, porque no es cosa de la gineta ni tiene deudo con ella. Todo esto ha de hacer el caballero descuidada y disimuladamente, cuando quiera ir a correr la carrera; porque cayéndosele el bonete, o tendiéndosele las faldas sobres las ancas del caballo y yendo corriendo, es azar y parece mal, y da de reír a la gente que lo mira. Hecho todo esto ha de sacar su caballo muy sosegado: e ir a la carrera paso a paso; y procurar de lo volver a la mano que el caballo más quisiere. Y estando derecho en la carrera, partirá lo más recio que pudiere sobre la rienda; y luego irá aflojando la rienda, aunque no del todo. Y en saliendo no dará de los pies; sino primero se pondrá en la silla, y luego los pies harán su oficio. el brazo llevará en saliendo, puesto el puño sobre el muslo; y desde a pocos trancos[63] del caballo irlo ha sacando

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poco a poco y despacio; hasta ponerlo en par de la oreja, no tendido, sino un poco doblado. Y al parar tomará el cabo de la rienda en la mano derecha, y tornará a poner el brazo con ella en el lugar ya dicho. La mano izquierda de la rienda ha de ir baja junto al arzón de la silla, y de allí parará el caballo dándole con las riendas los golpes que hubiere menester para el parar, con que no ha de tirar de las riendas parejo de un golpe; porque daría con el caballo por detrás, y le haría parar feamente. Ha se de parar dándole golpes medianamente; porque el caballo pare haciendo piernas. Y acabando de parar, ha de revolver el caballo para la gente por donde vino, y pasearle la carrera sin le hacer mal ninguno. Y esto basta para sin lanza.

C Con lanza se ha de correr de esta manera. El caballero tomará la lanza, y se escupirá la mano para tomarla; teniendo la capa y el bonete o caperuza puesta como está dicho; y así pondrá la lanza encima del hombro derecho; y se irá paseando por la carrera. Y llegado al cabo, volverá el caballo a la gente, partirá; teniendo todavía la lanza en el hombro; muy despacio vendrá derribando la mano, y muy sosegadamente la irá levantando por medio, y poniéndola en par de la oreja[65] igualmente. Y cuando llegue al cabo, bajará[66] el hierro de la lanza hacia la boca del caballo, y revolverá la lanza sobre el brazo y la mano, poniéndola derecha, y sabroseando el brazo; y estando la lanza tendida y queda. Y hecho esto, si así lo hiciere, habrá cumplido con la gineta.

Capítulo. ix. como se ha de correr con capuz[67] cerrado.

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ues ya está dicho como se ha de correr la carrera con lanza y sin ella, diremos como se ha de correr con capuz cerrado; y será de esta manera. El caballero después de haber hecho las diligencias que arriba he dicho; con capuz cerrado se ha de hacer de esta manera. Que tomadas las faldas del capuz, y metidas debajo de sí, y lo demás dejarlo caer para abajo; y la parte izquierda ponerla ha de manera que no se le pueda levantar con el aire; y la parte derecha del capuz dejarla ir tendida hasta que quiera volver. Y en comenzando a correr su caballo la carrera, tomará la orilla del álabe del capuz, y comenzará a ir poco a poco levantando el brazo derecho sobre el hombro derecho; y ha de ser tan despacio y con tanto reposo, que la más de la carrera pase en esto. Y antes que llegue al cabo, acabará de poner el capuz sobre el hombro derecho; y sacando el brazo el pecho abajo, tornará a poner el brazo en par del oído derecho[68], cuando el caballo haya parado. Y de esto no más.

Capítulo. x. como se ha de correr la carrera con lanza y adáraga.[69]

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a manera como se ha de correr con la lanza y adáraga es esta. El caballero se ambrazará el adáraga, y la pondrá debajo de la barba. Y de allí partirá el caballo sacando la lanza del hombro, y poniéndola un poco bajo del sobaco como de encuentro, y de allí al parar la sacará sobre el brazo como arriba dije.

Capítulo. xj, como se ha de poner el caballero en las caballerías; y como se ha de haber con los caballos ponedores.

P

ues ya es dicho como se ha de correr la carrera de las maneras declaradas; diremos un poco de como se ha de poner el caballero en las caballerías, y como ha de mandar su caballo en ellas. Muchas maneras hay en los caballos para hacer caballerías[70]. Y lo que yo tengo aprendido de ellos y experiencia  que he tenido es, de no poner el caballo en que haga más de aquello que él hace de su natural inclinación; y no porfiar con el que haga lo que no es de su condición ni natural. Digo así, porque mejor me de a entender; que el caballo que no sufre el rostro puesto a andar en el galope, que no lo pongan en más de correr y parar; y al que no tuviere principios para se poner para adelante, que no le porfíe sobre ello; porque aunque artificialmente algunos caballeros los fuercen a lo hacer, luego se le caen y pierden. Mas el caballo que de su natural se comienza a poner el rostro, y meter los pies, a ese tal aprovechara mucho saber se lo mandar el que anduviere encima, y cada día lo hará mejor. Y porque el principio de las caballerías entiendo yo que es el tomar el rostro al caballo, y hacer se lo poner en su lugar  sin pasión; digo que se ha de hacer de esta manera. Que para las arremetidas se ha de arremeter el caballo el rostro puesto, y no sacarlo muy recio, sino mansamente, y que pare así mismo el rostro puesto, metiendo los pies; y hecho esto, ha de volver el rostro puesto sobre la mano derecha y de través, he lo de arremeter otra vez, para que el caballo y el caballero sean vistos de lado; porque así se conozcan las faltas, o primores del caballero y del caballo.

C El caballero cuando arremetiere su caballo (como dicho es) ha de poner la mano de la rienda baja junto al arzón, y con el brazo derecho ha de tomar lo que sobra de las riendas, y saldrá bajo el brazo; y antes que el caballo comience a parar, irá el caballero alzando el brazo poco a poco, hasta ponerlo en par del oído, y allí quedará cuando el caballo pare. Y en esto los pies han de andar a prisa.

C Cuando el caballo fuere hacedor y se pusiere para adelante, es menester muy gran cuidado en los pies manos y cuerpo, y rostro, y brazos porque faltando cualquiera de estas, no hará el caballero ni el caballo bien la razón. Y por esto es menester el albedrío y conocimiento que el caballero ha de tener con su caballo, de le conocer lo que tuvo menester, según la viveza y boca y voluntad del caballo. Lo que de ello tengo aprendido de algunos caballos que yo he hecho ponedores, es esto; que para que el caballo se ponga bien; así para adelante como en un lugar, es menester que esté bien curado[71] y holgado, y que no cabalguen en él sino dos veces en la semana, y no más de una mano. Y cuando en él cabalgare el caballero, no ha de ir muy apretado; por que se congojan mucho algunos caballos y no se le ha de hacer mal luego en saliendo de la posada, hasta que haya paseado un poco. Y después cuando lo quisieren poner, ha de mirar el caballero la disposición de la calle o del campo, que sea llana y sin piedras; porque con temor de los empedrados muchos caballos no se osan poner, y retrechan muchas veces. Así mismo ha de mirar el caballero de no poner su caballo entre mucha gente de caballos; que con la querencia de los otros caballos no querrá salir de ellos ni ponerse bien. Hase de salir de ellos fuera; y revolviendo el rostro por los caballos ponerse ha el caballero muy mejor y más aprisa. También hay muchos caballos que quieren que les hable al hacer; y esto he yo probado muy bien; y se ha de hacer sabiamente y no a voces.

. C Más se ha de tener cuidado con los caballos hacedores, de nunca ponerlos, si no fuere viniendo hacia la posada, o teniendo el rostro camino de la posada; que como a querencia lo hacen de mejor voluntad, y están más derechos. Mas se ha de mirar de muy pocas veces sacarlos ni arremeterlos porque de miedo de la salida y de las piernas no osan estar derechos en el poner; y por esto al tiempo que el caballo va en lo mejor del poner y meter los pies le han de sacar el rostro, y parar, y tenerlo muy quedo y mesurado; porque apretándole mucho, acábasele el aliento y la furia; y para esto es menester sacarle el rostro al mejor tiempo, y no llegarlo al cabo; porque llegar las cosas al cabo es cosa dañosa algunas veces. Mas permítese a los caballos ponedores arremeterlos algunas veces, y herirlos con las espuelas, porque después con el temor de ellas se pondrán mejor y más aprisa. Y esto digo como hombre que lo ha experimentado.

C Mas ha de mirar el caballero en el caballo ponedor, que no le ha de bajar la mano con mucha furia, sino poco a poco, hasta hacerle poner el rostro en su lugar; y tras esto han de andar los pies del caballero al compás que anduvieren  los del caballo, yéndolo amenazándolo con las espuelas sin le herir. Si por caso el caballo se torciere a un lado, hale de acortar un poco la rienda del otro lado, y herirle con el pie contrario; y así enderezarse ha luego. Mas ha de tener mirado el caballero, de así como el caballo se va poniendo, vaya él  alzando el brazo poco a poco con la rienda en la mano, hasta lo poner en su lugar y menear las puntas de las riendas; porque el caballo las vea y las tema. Mas se ha de mirar que a los caballos ponedores nunca se les ha de hacer correr la carrera; porque se avivan mucho; y después no quieren esperar el rostro, ni meter los pies. Y aun a los otros caballos que no son ponedores no se les debe correr muy a menudo la carrera: porque con la mucha furia que allí corren cobran gran miedo, así  de la carrera como de las espuelas; y suélense dañar y resabiar muchas veces. Por esto se ha de correr de tarde en tarde, y en carreras blandas y no duras.

Capítulo. xij. De como se ha de jugar a las cañas.

Y

a que habemos dicho de las caballerías, diremos aquí como se ha de jugar a las cañas, según lo que yo he visto y me he hallado en muchos juegos de cañas, en ordenarlos; así por mandado de su majestad, como por ruego de algunos caballeros y señores que en la corte había por bien que yo les dijese como lo habían de hacer. Y lo que yo aprendí siendo mancebo[72] en la ciudad de Úbeda  donde yo nací, y se precian de esta caballería de la gineta, diré aquí lo más breve que pueda.

C Cuando los caballeros quieren jugar cañas se deben juntar y ordenar sus cuadrillas de cinco en cinco, o más o menos, según hubiere caballeros; y vestirse cada cuadrilla con su color. Y el día de la fiesta juntarse han todos en un aplaza antes que vayan donde han de jugar. Y desde allí igualarán cada cuadrilla de su color; y así irán de dos en dos hasta llegar a la boca de la plaza donde han de jugar. La plaza ha de estar limpia de piedras y de barrancos; y si fuere verano esté bien regada; por que el polvo es muy mala cosa y muy peligroso; porque no viéndose unos a otros se suelen encontrar y caer; y demás de esto, con polvo, ni los caballeros pueden ver lo que hacen, ni menos pueden ser vistos. Y es muy gran zozobra el polvo, así para las damas que están en las ventanas, como para todo lo demás, y por esto se debe regar muy bien la plaza, si fuere verano que en invierno no hay necesidad de ello. Así juntos los caballeros de dos en dos, entrarán en la plaza, mandando poner las trompetas o atabales[73] a la boca de la plaza, que toquen cuando los caballeros entren. Y han de mirar que como fueren saliendo de dos en dos, los dejen ir un poco delante; porque las piedras o guijas[74] que los caballos de los delanteros van despidiendo con los pies, no den en la cara a los que vienen detrás. Así mismo se han de mirar, que cada dos caballeros que salieren juntos han de llevar las lanzas de una manera iguales en la postura; porque de otra manera parecen mal. Y así entrados todos de dos en dos tornarán arremeter todos juntos por la plaza a manera de batalla, darán dos o tres arremetidas. Y hecho esto, darán una vuelta todos juntos paso a paso a mirar las damas y caballeros que están en las ventanas. Hecho esto, tomarán las adáragas; y si quisieren volver de dos en dos con las cañas y adáragas de carrera, poderlo han hacer; y si no partirse han y jugarán a las cañas.

C La manera que han de salir del puesto es esta. El caballero se ha de embrazar su adarga por ambas manijas[75] hasta el codo; y tomará la rienda en la mano izquierda; y en la otra su caña bien aderezada. Y partirán cuatro o cinco juntos sobre la rienda; y al salir del puesto sacarán los brazos bajos, y luego los alzarán para arriba todo lo que pudieren; y en llegando cerca del otro puesto, tirarán sus cañas a las adáragas de los contrarios, y revolverán sobre la mano derecha, cubriéndose con sus adáragas todo el cuerpo y parte de las ancas del caballo; y que el rostro lleve así cubierto sobre el adáraga, que ha de ir muy pegada al cuerpo y no desviada como broquel[76] que parece mal. Ni se ha de cubrir sin ver por qué. Y cuando se cubriere no ha de subir el adáraga sobre la cabeza; sino bajar un poco la cabeza a un lado del adáraga. Y de esta manera volverá a su puesto; teniendo mucho cuidado por donde va corriendo a la ida y a la venida de encontrar con otro caballero; ha de tener grande aviso sobre esto. Así mismo ha de mirar el caballero de no salir de su puesto hasta que los contrarios hayan desembarazado sus cañas, y vuelvan huyendo un poco despacio; porque si antes salen ellos, juntarse han todos y no parecerá bien, ni se pueden así tirar. Y el que tira su caña al contrario, llevándolo muy cerca y a la par, no parece bien, ni es bien hecho; ni menos se ha de tirar de través, ni rostro a rostro, sino a caballero vuelto o al puesto.

C Así mismo ha de mirar el caballero de no salir solo, si no fuere buen caballero, y tuviere muy señalado caballo; porque si lo hace mal, es más mirado, y da que reír a la gente que lo mira.

C También se ha de mirar, que después de haber  entrado a desparcir[77] el juego, no salga ninguno a tirar más cañas a los contrarios. Y de esto me parece que basta lo dicho.

Capítulo. xiij. como se han de esperar los toros a caballo.

A

hora diremos como se han de esperar los toros a caballo. Antiguamente los caballeros toreaban de  esta manera, que a las ancas vueltas con la lanza se preciaban de llevar los toros tras de sí; poniéndole la lanza en el rostro. Y por que ahora se usa esperarlos rostro a rostro. Y a quien hasta ahora yo lo he visto hacer mejor es a don Pero ponce de león[78], que le vi esperar muchos delante del Emperador nuestro señor, y no errar lanzada; y le vi matar muchos toros en la corte, y no herirle ningún caballo. Diré aquí como lo hacía, para el que lo quisiere hacer y aventurar su caballo lo sepa; él lo hacía de esta manera. Poníase en la plaza en su caballo; al cual le ponía unos antojos[79] de terciopelo, de manera que el caballo no veía nada para adelante, mas de donde ponía las manos en el suelo, y se ponía en la parte por donde el toro había de venir; y allí le esperaba muy quedo el caballo sin ver al toro. Y como el toro se venía para él, como el caballo no le veía, estaba muy quedo; y entonces don Pero ponce le ponía la lanza para el pescuezo para la aguja del toro y metiendo la lanza desviando el caballo para la mano izquierda; y el toro que llegaba al caballo tenía ya metida la lanza en el cuerpo; y con el dolor desarmaba la lanza; y cuando llegaba al caballo ya estaba desatinado, y aun muchas veces caía muerto; de esta manera se lo vi yo hacer muchas veces; el que lo quisiere probar yo le doy licencia para ello. Esto se ha de hacer con lanza de pino, y no de fresno; porque la de pino quebrará luego, y el caballero ganará honra; y la de fresno por ventura lo sacará de la silla. Y ha de mirar que el hierro ha de entrar en el toro atravesados los filos, porque vaya cortando los niervos[80] y gobiernos; y sea el hierro ancho y de buenos filos, porque con el dolor de la herida el toro no llegue al caballo.

Capi xiiii de las enfermedades que suelen salir a los caballos; y algunos remedios para ellas.

P

ues ya está dicho hasta aquí lo que habéis oído de la caballería de la silla de la gineta; pareciome decir aquí para aviso de los caballeros de ella cuando compraren algún caballo, o teniéndole le naciere alguna lesión o manquedad diré aquí algunas de ellas, y algunos remedios que yo mismo he ya experimentado, y visto hacer, así a mis caballos como en los ajenos. Y no serán muchos, porque lo que aquí faltare remítolo a los albeitares,[81] porque es su propio oficio. Mas porque no os vayan a buscar cada vez; diré aquí lo que he visto experimentar por grandes maestros y oficiales del albeitería que les he visto hacer experiencias de ello breves y aprobadas en esta manera.

Las lesiones y manquedades que a los caballos les suelen salir son estas.

C  En las manos sobre          Eslavones[82]

 huesos[83].                                  Sobrenervios 

Cuartos y razas[84].                     Atronados[85]

Hormiguilla[86].                           Lupias[87].

Espundias[88]                                C A los pies suelen salir

Sobremanos[89]                                 lo mismo, y demás de

Galápagos[90]                                    Todo esto dicho.

Grietas [91]y respigones.[92]                Corva, y socorvas[93]

Guavarros[94]                                    Corvazas, y estrasorias[95]

Aristín[96]                                       C Alisases[97]

Arvaga[98]s                                       Esperavanes[99]

Berigas[100]                                       Agriones[101]

Sobrecañas[102]

C  En todo el cuerpo pueden salir lamparones,[103] y sarna,[104] alvaraces[105] y otras muchas, que por no ser prolijo aquí no digo. Diré aquí para algunas de estas enfermedades o lesiones el remedio; y para las que no dijere, váyanlo a preguntar a los albeitares, pues mi intención no es describir como albaitar, sino como caballero.

Remedios

C  El remedio para los sobrehuesos; el mejor de todos es quemarlos con fuego; el fuego ha de ser un poco borbión[106] y sal y albaraz[107], todo molido y atado en un trapo de lienzo, y meterlo en aceite hirviendo, y trasquilar[108] el sobrehueso y pegárselo en él tres veces, y tenerlo de manera que no se rasque.

Para las razas y cuartos otros

remedio.

C  Para las razas y cuartos hay muchas maneras de curarlas; las que mejor yo he hallado es tomar un poco de sal y solimán,[109] y atarlo en un trapo de lienzo recio, y hervir un poco de aceite. Y estando así hirviendo, meter el trapo atado con lo sobredicho en el aceite hirviendo; y ponerlo sobre el cuarto, de manera que no llegue a la carne, cuanto hirviendo pudiere tres o cuatro veces en un día; y luego úntalo con ungüento de todos los sebos y miel y trementina.

C  Las lupias se han de curar de esta manera.

C  Toma un poco de sal, y átala en un paño de lienzo, y meterlo en el aceite hirviendo, y quemar la lupia con ello, hasta que el caballo lo sienta bien tres veces cada vez de tres en tres días y tenerlo que no se lo coma ni rasque.

C  Para los alisases y esperavanes, el mejor remedio que yo hallo es, desgobernar los pies de los caballos de alto y bajo; y así mismo para los agriones. Y de esto no diré más de remitir a los buenos albaitares, pues es su propio oficio. Y no es razón de burlárselo, pues ganan de comer por ello. No se han de pasear ni cabalgar a caballo (si fuere posible) el día que corriere solano ni cierzo, mayormente si helare; porque se abren muchos cuartos y razas.

Capítulo. xv. como se ha de pasear el caballero en su caballo.

D

ejaba de decir como se han de pasear los que cabalgan a la gineta; así para parecer bien como para bien del caballo.

C  El caballero se ha de pasear en el caballo paso a paso, y no deprisa; porque el caballo vaya sosegado, y se avece[110] a pasear. Ha de traer la mano alta, porque el caballo traiga el rostro alto y en su lugar. El caballero ha de andar descuidado en el caballo que fuere avivado para sosegarle, y reposarle en el paso y andamio[111]. Y esto cuanto a la postrera parte de este tratado.

C  El cual yo acabé de escribir de mi mano, y ordenarlo como de suso[112] se contiene, estando por gobernador en la provincia de Calatrava del Andalucía, por el Emperador don Carlos nuestro señor, administrador perpetuo de la orden y caballería de Calatrava; en la villa de Torre don Jimeno; en las noches largas de Diciembre, del año del nacimiento de nuestro señor Jesús cristo de mil y quinientos y cuarenta y seis años. Vale, valete; et vale ant, qui me valere desiderant[113]

(El comendador Chacón)

Impreso en Sevilla por Cristóbal Álvarez. Acabose a quince de Julio, de mil y quinientos cincuenta y un años.


[1] Traducción literal del texto en el que la Santa Inquisición aprueba que se edite el presente libro, así como ciertas aclaraciones para su mejor comprensión:

Aprobación del hermano Martín Ledesma,

 Doctor en Teología Primaria, profesor de Coimbra,

 y sustituto para la Santa Inquisición

nombrado por el Cardenal D. Enrique.

Sea moral todo lo que leas, la ficción de Marón*

y las necias gestas de generales deja de admirar.

Cántense antes los ínclitos monumentos de Cristo

florezca la grandísima gloria de un grandísimo hombre:

célebre el ovacionado Emmanuel: célebrese en el orbe

la ínclita gloria de Pinelo, su fama y su decoro.

La terrible muerte invadió los triunfos de Cosia,

atreviéndose a despreciar a un hombre docto en el habla.

A ti, sin embargo, te hace sobrevivir este pulido librito,

que relata los ilustres trofeos arrancados a la muerte.

Confiado, pues, a los bajorrelieves cántase en todo el mundo

los poemas de Ignacio** para que sean leídos sin miedo alguno.

Pues leídos suficientemente, he aprobado como santos y sinceros

sus poemas, para que sean recibidos en el regazo de Febo.***

  • * Publio Virgilio Marón
  • ** Ignacio de Loyola
  • *** Apolo, dios de las artes.

[2] La ortografía ha sido actualizada conforme a la normativa del castellano actual.

[3] En todo el trabajo será respetado el uso de mayúsculas  o minúsculas tal y como aparecen en el original.

[4] Aparece indistintamente como Fernán o Hernán. Natural de Úbeda Comendador de la orden de Calatrava en la Villa de Torredonjimeno.

[5]  Arte de montar a caballo que, según la escuela de este nombre, consiste en llevar los estribos cortos y las piernas dobladas, pero en posición vertical desde la rodilla.

[6] Ministro togado de justicia que en las audiencias del reino oía y sentenciaba las causas y pleito.

[7] Antiguamente, gobernador de una ciudad, con jurisdicción civil y criminal.

[8] Magistrado que en su territorio ejercía la jurisdicción real y conocía de las causas contenciosas y gobernativas, y del castigo de los delitos.

[9] Funcionario público que en ciertas villas y ciudades tenía las mismas atribuciones que el corregidor en otras.

[10] Jefe superior de una provincia o territorio.

 

[12] Capitán que estaba encargado de velar sobre la observancia de los bandos, ordenes, etc.

[13] Se refiere al Emperador Carlos I

[14] Juan Vázquez de Molina, administrador español del siglo XVI, sobrino de Francisco de los Cobos, quien le hizo segundo suyo en el seno de la burocracia imperial. En 1.529, durante la regencia de la emperatriz Isabel, fue secretario de Estado, desde 1535 a 1538, fue secretario para los asuntos de Castilla. Durante la guerra de los reyes de Bohemia, fue el gobernador del reino  y el personaje de confianza del emperador ausente, encontrándose en los consejos de Guerra, cámara de Castilla y Hacienda. A la muerte de Cobos(1,547) fue su sucesor y has

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